De Compostela y El Camino de Santiago

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Nota de Gisela Gallego, corresponsal de “Carta de España” en Argentina 

El librero, escritor, docente, español y uruguayo, del que Carta de España publicó hace unos años su perfil, acaba de lanzar su octavo libro. Éste también bucea por un lugar muy propio, su tierra compostelana, pero desde el maravilloso Camino de Santiago que tiene peregrinos y admiradores de las más variadas latitudes.

Esta última ficción habla del Camino de Santiago ¿cuáles fueron las motivaciones y cómo fue emprender este viaje literario?
Después de varios años de por diversas inquietudes, acumular información, un día brotó el deseo, pero siempre pensé que “me quedaría grande”, hasta que la inspiración comenzó con su tarea, pero aún así tuve muchas dudas, se trataba de un tema serio y lo quería respetar. En cuanto a ficción, sí es novela, podríamos decir histórica, pero también se mezclan vivencias, algunas personales que se transmiten a través de las reflexiones, alguna que le sucedió a amigos, y está presente lo histórico por excelencia, que se respeta al máximo, entonces ¿la ficción se convierte en hechos reales?

Esta vez la edición es de Editorial Galaxia, ¿qué significa para usted como autor contar con el sello de esta firma especializada en Galicia?
Editorial Galaxia Mar Maior se mostró interesada en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires cuando les transmití que la Secretaría Xeral de Emigración de Galicia publicaría el libro. Habían leído el manuscrito y les agradó, lo mismo que le pasó a la Editorial Milenio, de Lleida. Freixanes y Soutullo, director y editor de Galaxia, dijerón: “nosotros lo queremos publicar en Galaxia Mar Maior”. Inicié pues las gestiones con la Secretaría Xeral y se concretó. Para mí es un orgullo que Mar Maior, que se inició en 2009 con una publicación mía en castellano, Cuatro historias de emigrantes, vuelva a publicar ahora este libro que tanto me costó la decisión de su publicación.

¿Qué expectativas tiene sobre este título que alude a un ícono del turismo y atractivo de Galicia, de España?
Las expectativas son favorables. Estoy muy seguro que va a agradar pues está narrado con sentimiento, respeto por los hechos históricos, con el agregado de “cosas” de conocimiento propio, como compostelano de nacimiento, que quizá son escasamente divulgadas. No falta a la cita la polémica, además de las profundas reflexiones, lo cual lo hará muy atractivo para lectores de cualquier tiempo y lugar, haya transitado o no aún algún tramo de los diversos caminos de Santiago.

Gisela Gallego

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Los cien años del maestro

José Lage Sierra, “Pepiño” -Pepe Montoya- llegó a este mundo el 25 de diciembre de 1916 en la aldea de Ladrido (Santa Eulalia), parroquia del municipio de Santa Marta de Ortigueira. Gran parte de su niñez transcurrió (lastimosamente) en la casa de su tía Maripepa en la aldea de Barbos (San Xulián) a dos leguas de Ladrido. “Voume para sempre Manolita… Adeus!”, le dijo a su prima y un día se liberó de su tía y se fugó corriendo, casi desfalleciendo, esas dos leguas hacia el encuentro con su madre Javiera. Por temor a que su mamá y su abuela Generosa le riñeran, en vez de entrar a la casa se escondió bajo unas sábanas hasta que felizmente lo descubrieron. Llega con su madre y hermano en junio de 1926 a Montevideo, al encuentro con su padre, donde la sombra negra de la tía Maripepa ya rondaba la casa de su hermano, buscando a Pepiño otra vez… Y un nuevo calvario, pero de mayor proporción daba comienzo. Hace un lustro una congestión lo doblegó y obligó a dejar de impartir sus clases. La lucidez y el humor nunca lo abandonaron. Pero, finalmente, no quiso esperar más y nueve meses antes de cumplir un siglo de existencia decidió viajar hacia las estrellas. Su biografía se encuentra plasmada en “Cuatro historias de emigrantes”. Editorial Galaxia (gallego y castellano). ¡Salve maestro, donde quiera que te encuentres!OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Relatos de Galicia en el Estado de Puebla, México

Los relatos de El bosque de La Condesa: La carta de Amelia; El bastón de don Nicanor; Dos cofres de plata; El niño ciego y Cinco días en Londres. Los cuatro primeros ambientados en la Galicia de la época de la posguerra civil, al día de hoy en manos de miles de alumnos de las escuelas públicas del Estado de Puebla, México. Estos y otros textos con valores, fueron seleccionados y aprobados por la Secretaría de Educación de dicho Estado para el “Tercer concurso estatal de dibujo infantil, Imagina un mundo sin trampas”. Al final del evento los libros fueron distribuidos en forma gratuita entre los alumnos de las escuelas públicas de ese Estado mexicano.

“La Galicia de Montevideo”

Una biografía de Xesús Canabal

A quien dices tu secreto, das tu libertad y estás sujeto… Comentario sobre don Jesús Canabal Fuentes. del libro “La Galicia de Montevideo”

Precisamente, la seguridad de sus acciones, la convicción, la decisión oportuna tal vez en base a la intuición y el acierto, lo acompañaron siempre.

A fines del año 1938, cuando contaba con cuarenta y un años de edad, era el principal accionista y presidía el directorio de Ipusa. Los rumores de un inminente conflicto bélico mundial de extraordinarias proporciones reclamaron especialmente su atención. Sin materia prima procedente de Europa su novel fábrica de papel podría quedar paralizada y le transmitía su preocupación a los demás compañeros del directorio, tratando de buscar una solución para el abastecimiento de su fábrica, que corría serio peligro. El directorio de la fábrica de pasta de celulosa de Suecia que los abastecía, alertó a tiempo a sus clientes, el directorio de Ipusa. El transporte marítimo podría suspenderse en cualquier momento debido al peligro inminente. En vez de una carga regular, varias toneladas del producto, ofrecieron enviarles una carga completa que casi completaba la capacidad del barco de mediano porte y significaba multiplicar por diez el pedido regular que alcanzaba para varios meses de producción, lo cual era el ideal en tiempos normales.

Canabal tomó en serio el llamado de alerta de su proveedor, percibió la solución en ese ofrecimiento de la fábrica de celulosa de Suecia. Luego de varias reuniones de directorio al fin logró convencer a la mayoría de sus compañeros del consejo.

Algunos otros se mostraban muy recelosos de efectuar esa operación de proporción inusual. Finalmente fue aceptada la propuesta de Canabal, se procedió a solicitar el crédito bancario necesario y se concretó el pedido a la fábrica de Suecia.

Pasaba el tiempo, no había noticias de la fábrica de celulosa y el crédito bancario ya estaba funcionando, por lo tanto ya había comenzado a amortizarse. Los directores que en un principio no habían estado de acuerdo en la concreción de ese negocio, comenzaron a tratar de convencer a los demás para efectuar la anulación del embarque y la liquidación del crédito bancario. Por supuesto que Canabal no estaba enterado oficialmente de esa acción que se desarrollaba a sus espaldas, pero, igualmente estaba enterado. Su cargo de presidente del directorio corría peligro, él lo sabía, el tiempo podría ser su aliado… o su enemigo.

Así pues, algunos integrantes del directorio convocaron a Jesús Canabal y los demás directores para una reunión extraordinaria. El asunto a tratar no fue dado a conocer por los convocantes, pero Canabal sabía que el mismo era la anulación del negocio y su destitución como presidente.

La reunión se realizaría un determinado día de comienzos de 1939, en horas de la tarde como de costumbre. Ese mismo día, cuando faltaba casi una hora para el comienzo de la sesión, el gerente se dirige al despacho de Canabal y le entrega un telegrama que acababa de llegar de Suecia, don Jesús lo abre, se pone las gafas, lo lee, lo cierra nuevamente, se lo devuelve al gerente y le pide que lo guarde en la carpeta de asuntos varios, la cual llevaría a la reunión del directorio.

A la hora fijada ya estaban el gerente y el directorio en pleno en la sala de sesiones. Canabal fue el último en entrar. Silencio, rostros serios, miradas esquivas. Don Jesús saludó a todos con afabilidad tal cual era su costumbre, tomó asiento con calma, le pidió la carpeta de asuntos varios al gerente, la abrió, miró ligeramente los papeles, reparó en el telegrama, lo retiró de la carpeta y dijo… “Ah, llegó un telegrama de la fábrica de celulosa de Suecia… ¿me permiten que le demos lectura antes de comenzar la sesión por si se trata de algo importante?” Y sin esperar respuesta… “Por favor señor gerente, tenga la bondad de leerlo ya que yo dejé las gafas en mi despacho.”

Señor Canabal ayer salió buque Augusta con carga completa celulosa para Ipusa. Será último embarque que sale debido inminencia conflicto bélico mundial. Nuestra fábrica canceló producción tiempo indeterminado. Es incierta reanudación de embarques tal vez por mucho tiempo. Felicitamos calurosamente a usted y directorio de Ipusa por la acertada decisión”.

Las miradas de todos los integrantes del directorio se cruzaron, por un momento reinó el silencio en la sala, hasta que Canabal, como ignorando la situación de fondo, con su clásica media sonrisa, se dirigió a sus compañeros y dijo: “¿Tenemos alguna novedad hoy? Ah… ¿cuál es el punto a tratar en esta reunión extraordinaria?”

De pronto, el silencio era total en la sala, las miradas se cruzaron, las manos de algunos se retorcían nerviosamente. Mientras esperaba respuestas, Canabal no dejaba de mirar a uno y otro alternadamente, sonriendo levemente como de costumbre. Después de unos momentos, por fin uno de los directores dirigiéndose a él expresó: “No, don Jesús, no hay nada especial que tratar, mejor vamos directamente a asuntos varios.” Los demás directores asintieron, algunos se distendieron, otros se movieron nerviosamente en sus asientos y todos se expresaron de forma similar a como lo hizo el primero que rompió el silencio y terminaron felicitando a su presidente por la acertada decisión.

Mi libro de cabecera

En el día del Apóstol Santiago y de la Patria Gallega, recibí otro regalo, inesperado, como algo que llega del Universo sin previo aviso. Una señora que leyó uno de mis libros, me escribe un mail muy emotivo que transcribo tal cual lo recibí…

A través de mis vecinos, los Hermanos Ramos, conocidos editores y conocedores de este mundo maravilloso de los libros, me llegó esta obra que me atrapó desde la primera línea: “Desde el otro lado del mar. Los regresos del emigrante”.

Crecí con “Billiken” y “El Tesoro de la Juventud” y la fascinación por la lectura la encontré en Isabel Allende, enciclopedias sobre Arte, Cartas de Van Gogh a su hermano Theo y tantos otros autores.

¡Pero me faltaba éste! ¡Mi libro de cabecera!

También nací un 1 de Julio y también dejé mi terruño y hoy en su lectura encontré mi Montevideo amado, en cada una de sus palabras, que hago propias, reconociendo cada barrio y aún siendo del Parque Rodó, caminé las calles de La Unión y crucé tantas veces por la Escuela Sanguinetti, también por la zona de Capurro y todos esos recuerdos que atesoro y hoy volví a transitar.

Literatura mágica, que me transportó a través de los años con las mismas vivencias cruzadas. Radicarme en Buenos Aires con 26 años de edad y un hijo de 5 años, constituyó lo que sería mi destino, allá por el año 69, pero aferrada para siempre a mi tierra natal, de la que “nunca me fui”.

Ya no están mis seres queridos, aquellos que dejé, pero mi casa de Blanes 980, está igual y mirando su balcón puedo ver aquella jovencita llena de sueños, que nada sabía de la vida y que un día esta mujer llena de vivencias la miraría desde abajo.

Como un árbol que pierde sus hojas y le nacen otros retoños, otros me esperan. Mi amor más grande, mi hijo Florencio y la familia que ha formado. Todavía me quedan primas, como solíamos decir de chicas, primas hermanas.

Cuando estoy entrando a Montevideo, la vista del Cerro ya me afloja las lágrimas, se me viene un aluvión de sensaciones y nuevamente al partir. Todo lo vivido en esos días que tienen tan expectante ante cada viaje, debo empezar a procesarlo para volver a adaptarme.

Siempre le pido a mis otros hijos que cuando llego, me den un día, es una transición muy fuerte que en silencio y mirando cómo están mis plantas y bajo ese techo que tanto amo y tanta historia vivida tiene, encuentro al fin el eje para superar y encauzar todo mi sentir.

Mi vida continuará aquí y de eso se trata, dejar Montevideo y todas mis añoranzas y afectos, pero todo eso constituye mi piel. Esa soy yo, la verdadera, la que nunca se fue. La que añora y sueña con las cuadras que me llevaban a la Rambla, con la pista de patinaje, de la Playa Ramírez, al Parque Hotel, que me parecía lo más lujoso que podía existir y soñando como Cenikcienta, formar parte de aquellos bailes, viendo entrar a chicas con sus vestidos de fiesta.

Su obra caló muy hondo en mi ser y le estoy eternamente agradecida. Ahora empezaré a ser su lectora, transitando los caminos por los que su pluma me llevará y que desde ya, imagino escritos con la misma sensibilidad de mi primer lectura.

Para despedirme… un toque de humor: “repecho”… palabra que aún a 47 años de vivir aquí, no puedo olvidar y que cada vez que la digo, mis hijos, entre risas, me dicen… ¡¿Repecho?!… ¡¿Mamá, qué decís?! ¡Y la encontré entre sus páginas! ¡Qué regalo! Desde la primera hasta la última página, un verdadero regalo… “Desde el otro lado del mar. Los regresos del emigrante”. Justo el día de mi cumpleaños, también el suyo, que le regalo ser una nueva lectora.

Lo mejor para su vida y… ¡Gracias!

Beatriz González 

¡Hay qué hacer las cosas bien!

Cuando voy a alguna institución de enseñanza pública o privada, que lo hago a menudo, y me encuentro frente a alguna fotografía de un fundador o benefactor, siempre me atrae esa mirada profunda y transparente. Inevitablemente me viene al recuerdo la imagen de doña Carmen, mi madre (quien la haya conocido ya sabe por qué lo digo), así como la del Hermano Octavio, director de la Escuela de los Hermanos de La Salle, de Compostela, que parecen decir… ¡hay qué hacer las cosas bien! No es que uno se las dé de “don perfecto”, ni algo parecido, pero esas imágenes están siempre presentes y ayudan a sostener y a veces hasta predicar determinadas formas.

Lo que ocurrió este viernes a última hora de la tarde me sacudió.  Sí, pero, la señora portadora del documento de intimación lo dejó en el lugar equivocado, porque yo no iba a hacer lo que me indicaba la telefonista de la Institución…  “Si el documento no está a su nombre… deshágase de él”. “¿Cómo dice?”

La supuesta secretaria del abogado actuante (según pudimos saber después). prácticamente tiró el documento de tres hojas, con firmas de los titulares, notas del contador y el abogado del Banco …. encima del mostrador. Nuestro comercio tiene una puerta en el número 1504 de la calle que indicaba el documento y el mismo tenía una dirección de la misma calle con el número 1502 (que no existe en nuestra ciudad). Y con gran sorpresa veo al leer el documento que esa dirección pertenece a una ciudad del Interior. Corro detrás de la señora que corría más que yo y se perdía en las sombras del atardecer. A la telefonista de la Institución, con quien me comuniqué enseguida, le manifesté mi enojo cuando en vez de darme alguna pista de a dónde debería entregar esos papeles, para mi entender de delicado contenido, insistió con que me deshiciera de ese documento si no estaba a mi nombre.

El lunes buscamos la dirección del 1502 de la ciudad del Interior y la encontramos en una guía telefónica antigua, incluso uno de los apellidos del documento coincidía con el de la guía. Afortunadamente “encontramos una amistad” en esa ciudad que enseguida se hizo cargo de la situación y coincidió con nuestra aseveración… “¡hay qué hacer las cosas bien!”

Merced a los medios electrónicos modernos la documentación está en el lugar correspondiente para que siga su curso y hoy sus destinatarios estarán correctamente notificados, quizá a tiempo de evitar un problema.

La “sacudida” continuó y ayer se nos presentó otra situación similar, pero esa es otra historia que comentaré en otro momento. Tantos cumpliendo con lo que deben para que la máquina de la sociedad funcione y sin embargo otros… “¡Hay qué hacer las cosas bien!”